Todo se ha vuelto monocromo, constante, intenso,
como voces armónicas en silencio,
como cincuenta hormigas en fila.
Amparados bajo el cielo nublado,
te abrazo en la calle, y, sin hablar,
sin abrir la boca, te grito.
¡Gritamos que desde ese momento ya nunca más nos quisimos!
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